21 de enero de 2017

Pero qué bonito homenaje le dedica Celia Flores a su madre

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FERNANDO J. LUMBRERAS

Que nadie se lleve a engaño, que éste no es uno más de los discos dedicados a Marisol, esa niña prodigio del cine y la canción, ni siquiera es un recopilatorio al uso promovido por una discográfica para engrandecer la carrera de una artista fallecida. Por suerte, aunque retirada del mundo de la canción, Pepa Flores disfruta de una bien ganada madurez lejos de los focos y las cámaras. Éste disco es una de esas pequeñas joyas de la canción española que son como flores en un escenario en ocasiones demasiado asfáltico. Quién mejor que Celia Flores para traer al presente esas canciones que son casi patrimonio de la canción de tiempos, si cabe, más creativos. La cantante no ha querido cantar como su madre porque Pepa Flores (o su alter ego, Marisol) sólo hay una, pero le ha dado una vuelta más que admirable a esos compases.

Hace algunos meses tuve ocasión de saber que este disco andaba en preparación, que la maquinaria del crowdfounding se había puesto marcha para poner hoy una colección de canciones revestidas de grandeza. La idea era hacer un disco sencillo pero que, al escucharlo, tiene muchas y muy loables ambiciones. Personalmente pienso que se ha conseguido el propósito.

Tal vez Chiquitina es su carta de presentación más escuchada pero es que no puedo pasar por alto Tómbola o Corazón contento, dos temas que contienen gran parte de la esencia que queda de Marisol en su propia hija, con giros muy elegantes y una instrumentación enormemente cuidada.

20 años de Marisol a Pepa Flores (Dulcimer Songs) es el tercer disco de Celia Flores tras un disco homónimo publicado en el 2006 y En una calle blanca (2012) y seguramente es el más variado de una trayectoria pequeña pero firme en la que siempre parece haberse cuidado hasta el más mínimo detalle.

Una producción avalada por la participación de artistas inmensos, como Paco Ortega, Lin Cortés, Antonio Carmona, Bebe o su hermana, María Esteve. Y enormemente variada, en la que lo mismo nos encontramos con boleros, como con ritmos latinos. Y es que tal vez podríamos calificarlo así: un disco enormemente latino. En él reconozco canciones que también han estado en la voz por ejemplo de Ana Gabriel, sin ir más lejos.

Qué maravilla que existan discos así, que saben ser humildes desde la grandeza,

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